Hay dos clases de causas a las que se puede atribuir, a priori, la influencia sobre los suicidios: una pertenece a las disposiciones psicológicas de los individuos y la otra es la naturaleza del medio físico. A lo largo de la historia algunos autores han examinado ambos factores desde la psicología y la sociología.
Desde la sociología aparece Durkheim (1897), citado por Gómez y Hernández (1984), quien considera que el suicidio es un exceso o defecto de la integración social de la persona; este reconocido sociólogo, en sus tratados afirma que el suicidio no solo es un problema que se reduce a la mente de algunas personas; sino que éste, es un asunto que también le compete a la sociología, pues el suicidio se produce en una sociedad y se origina por diferentes hechos sociales externos de los individuos suicidas y no pueden ser reducidos a datos psicológicos. Es decir, el suicidio se presenta en distintas sociedades, contextos, como algo que esta en función de condiciones sociales y por esto, para él y la sociología, la unidad de análisis es la sociedad y no el individuo.
Reconociendo la importancia de los estudios presentados por Emile Durkheim; como docentes no solo debemos focalizarnos en síntomas psicológicos, anímicos y corporales, sino también, reconocer los hechos sociales que giran entorno a nuestros estudiantes, es decir, reconocer el tipo de familia en el que habita, creencias, normas, trabajos, economía, presiones educativas, laborales etc.
Durkheim, distingue a la vez tres tipos de suicidio: el egocéntrico, el altruista y el anómico.
El suicidio egocéntrico resulta de una incapacidad para integrarse con la sociedad, es el individuo que fracasa en el mantenimiento de vínculos íntimos, así que se encierra en su propio mundo, donde no puede satisfacer sus constantes deseos. Estos sujetos piensan esencialmente en ellos mismos y mantienen un constante estado de apatía y ausencia de apego a la vida.
El suicidio altruista esta motivado por el deseo de la persona de favorecer objetivos de grupo, es un ser enérgico y apasionado por el bien mayor del grupo; llega a tanto esto que se sacrifica y se desaparece el individuo en aquel, sin pensar siquiera en reivindicar su derecho a la vida.
El suicidio anómico resulta cuando la relación de una persona con la sociedad esta desequilibrada de manera dramática; donde se da una desproporción entre las aspiraciones y las satisfacciones.
Estos mismos autores citan a Freud (1971) para escribir sobre el suicidio desde el aspecto psicológico. Dicen que Freud “afirmo que el odio hacia el yo se observaba en la depresión, procedía de una cólera hacia el objeto amado, cólera que la persona dirigía hacia ella misma. Consideraba el suicidio como la forma externa de este fenómeno y dudaba de que hubiera un suicidio sin el deseo primitivo reprimido de matar a alguna otra persona.
Otros psicoanalistas a partir de lo dicho por Freud, señalan la naturaleza expiatoria de la ira dirigida contra si mismo y su mal encausado propósito adaptativo de reparación con la esperanza del sujeto de ser perdonado y reconciliarse con el objeto de su frustración” (et al: p 17).
Otros autores como Jousset y Moreau de Tours realizaron unas clasificaciones sobre el suicidio. Aclaramos antes que, estos autores consideran a las personas que piensan o intentan el suicidio como enfermos, que de una u otra forma se encuentran clasificados en unos estados psicopáticos. Las reglas esenciales de ésta clasificación son:
1. Suicidio maniático: Se produce como consecuencia de alucinaciones o de concepciones delirantes. El enfermo se mata para escapar a un peligro o a una vergüenza imaginaria o para responder a una orden (algo misterioso que ha recibido de lo alto). Es decir, enfermedad mental o esquizofrenia.
2. Suicidio melancólico: Se relaciona con un estado general de extrema depresión, de exagerada tristeza, que hace que el enfermo no aprecie seriamente los vínculos que tiene con las personas y cosas que le rodean; los placeres carecen para él de atractivo, lo ve todo negro; la vida le parece fastidiosa y dolorida. Es decir, depresión o estados depresivos.
3. suicidio obsesivo: Es este caso el suicidio no se causa por motivo alguno real ni imaginario, sino sólo por la idea fija de la muerte. Este sujeto esta obsesionado por el deseo de matarse, aunque sepa perfectamente que no tiene ningún motivo racional para hacerlo. Es una renuncia que el enfermo hace ante la vida, pues desde que decide matarse, la ansiedad cesa y vuelve la calma.
4. suicidio impulsivo o automático: Carece de razón de ser en la realidad y en la imaginación del enfermo. Solo que en lugar de producirse por una idea fija, que atormenta el espíritu durante un tiempo mas o menos largo y que domina progresivamente a la voluntad, resulta de una impulsión brusca e inmediatamente irresistible.